Desmejorada y con ojeras hasta el cuello me encontraba haciendo mis estadías para mi titulación como Técnica en Artes Gráficas;en una pequeña imprenta local. El dueño aunque de primera vista parecía corderillo del Señor era un misógino, fanático religioso y con severos problemas de ira.
La imprenta contaba con tres prensas,una insoladora,mesa de revelado,dobladora, engrapadora y una hermosa y antigua guillotina.
Mis primeros días laborando no fueron nada interesantes, salvo el segundo día que casi pierdo 3 dedos por andar jugando con una polea.Los siguientes días ahí fueron literalmente un infierno, trataba de no cometer errores pero tal pareciera que el muy hijo de puta del dueño se esmeraba en encontrar una razón para llamarme la atención.
En mis minutos libres(que no eran bastantes ni muy recurrentes) me dedicaba a descansar de pie pues no tenía permitido sentarme, durante esos minutos miraba con mucho ahínco la guillotina, la hoja con un filo como para cortar 2 cabezas al presionar unos botones y en mi mente sólo pasaban continuamente,como spots televisivos; una serie de imágenes un tanto agradables como: meter a mi jefe ahí y hacerlo desperdicio industrial.

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